lunes, 22 de marzo de 2010

De hijos V

Claro que tratar de ser consecuentes con estas ideas tiene sus "costos", especialmente para la mamá, especialmente en nuestra sociedad, tan poco humana en muchos aspectos. Amamantar es incómodo, a veces doloroso. Lleva tiempo, que es algo que no nos sobra. No es precisamente una práctica con las mejores consecuencias desde el punto de vista estético. Implica una suerte de estado de disponibilidad permanente hacia la necesidad del bebé, que no se lleva muy bien con nuestros deseos de independencia y autonomía. Supone también la decisión de no utilizar toda una gama de alimentos muy populares, de gran disponibilidad y con muy "buena prensa". Y como si todo eso fuera poco, además, a partir de cierto momento de la vida del bebé no está bien visto.

Hay quienes deciden asumir esos "costos" y lo hacen de buen grado, a pesar del esfuerzo. Porque, admitámoslo, limitar la teta luego del período de libre demanda que estipula el pediatra, y descartarla lo antes posible para pasar a la leche de vaca, es mucho más cómodo... para nosotros los adultos. Nadie le preguntó al bebé qué es lo que preferiría.

Pero a estos costos se agrega otro: la presión social; la crítica por apartarse, apenas, de la "normalidad". Es triste verse obligado a omitir el tema, cambiar de conversación si aparece, o directamente mentir para no tener que volver a escuchar cosas como "te van a quedar las tetas hechas mierda", "pero la leche xx tiene un montón de vitaminas, es buenísima", "ustedes son esclavos de ese bebé", "¿cómo puede ser que no tengas nada de tiempo para llamar?", "ese bebé ya está grande para tomar teta", etc. Porque es eso, o un silencio bastante elocuente, o cualquier otra cosa antes que tomarse el trabajo de tratar de entender.

lunes, 15 de marzo de 2010

De hijos IV

El principal -y hasta tanto le interese probar otra cosa, único- alimento del bebé es la leche materna. Gran descubrimiento, ¿no? Pero si lo llevamos hasta las últimas consecuencias (es decir, "teta cuando el bebé quiera, cuanto quiera") surgen situaciones no tan comunes. Si millones de años de evolución llevaron a producir un alimento con determinadas características, ¿por qué reemplazarlo con otro? Cada mamífero tiene la leche adecuada para su cría. En particular, la leche de vaca es adecuada para el ternero. Durante miles de años -y en muchos lugares aún hoy- no se disponía de otro alimento para el bebé que no fuera la leche materna. Y la humanidad no se extinguió ni mucho menos. Y tampoco se disponía de otro tipo de consuelo que no fuera la teta. Porque claro, la teta no es sólo alimento.

El otro día Catalina se puso a llorar en la consulta con el pediatra. La mamá le ofreció la teta e inmediatamente se calmó. Entonces el pediatra le dijo: "Te usó de chupete". ¡Cuánto encierra esa frase! En primer lugar, el juicio de que el bebé está usando a su madre como si fuera un objeto, que la está manipulando. Come on! Es su mamá, y es su teta, con todo lo que eso implica. Si no quisiera su teta cuando siente miedo, ¿qué querría? Y no nos olvidemos que estamos hablando de un bebé de 8 meses. ¿Tan pronto le adjudicamos conductas perversas? Pero en segundo lugar, ¿cómo es eso de "de chupete"? Hasta donde yo sé, el chupete es un sucedáneo de la teta, un pezón artificial. Por conveniencia de los adultos se le ofrece al bebé un reemplazo bastante burdo en lugar de the real thing. Hay que agradecer si el bebé lo acepta, pero si no (como es nuestro caso)... nada. ¿Acaso vamos a defenestrar a alguien que necesita un abrazo de su amor y se niega a aceptar como tal una de estas almohadas? Y si recibe ese abrazo, ¿vamos a decirle que usó a su amor como almohada?

lunes, 8 de marzo de 2010

De hijos III

Una aclaración. Cuando digo "hijo" me refiero a "hijo", pero en particular a "bebé". Es lo que conocemos por ahora. Creo que en general todo lo que sigue se aplica a cualquier etapa, pero es especialmente importante en ésta, cuando los niños son tan vulnerables, tienen tan pocos recursos para lidiar con esa vulnerabilidad y dependen tanto de nosotros.

Básicamente, las creencias a las que me referiré tienen que ver con determinadas situaciones de la evolución (biológica, we´re talking Darwin, not Pokemon) y de la moral (una perspectiva ética, no una moralina). Me parece que en algunos puntos nuestra sociedad occidental, cristiana, blá, podría hacer un mayor esfuerzo para comprender un poco mejor tales situaciones en lo que respecta a la crianza de los niños. No estoy hablando de nada raro; de hecho, fuera de esta sociedad -o sea en el 75% del planeta- algunas de estas cosas se vienen haciendo desde hace milenios; tal como se hacían entre nosotros hasta hace, pongamos, 150 años. No estoy diciendo que aquí hagamos todo mal ni que aceptemos acríticamente cualquier cosa que se haga en otro lado. Espero que la cosa quede un poco más clara con los ejemplos.

lunes, 1 de marzo de 2010

De hijos II

¿Por qué hablar de estas creencias? Básicamente, porque en algunos aspectos hay gente que las considera en cierta medida diferentes de las "normales" o "usuales" en esta sociedad. Suena misterioso, ¿no? Pues nada que ver, en realidad son bastante "normales" o "usuales" salvo por un par de detalles que, a nuestro juicio, son importantes. El problema es que, en general, la sociedad no reconoce ni respeta lo diferente. Y esto es cierto también, en particular, respecto de temas sobre los cuales -como el futbol- cualquiera se siente con igual conocimiento y derecho para opinar, juzgar y desaprobar. Empezando por los padres de uno, pasando por pediatras, parientes, amigos, conocidos, hasta terminar en vecinos, verduleros, taxistas, transeúntes. No es que nos moleste escuchar opiniones de otros, al contrario; siempre vamos a querer reconocer y rectificar nuestros errores. Lo que molesta es que se las exprese sin haber sido solicitadas o -peor- sin pensar que se puede tener ideas diferentes, ni escucharlas ni considerar si son razonables o no. Y hacerlo en serio, porque -de nuevo- ningún padre medianamente cuerdo va a hacer adrede algo que crea que vaya en contra del bienestar de su hijo.

lunes, 22 de febrero de 2010

De hijos I

Tenemos ciertas creencias generales acerca de cómo hacer esto de criar un hijo. Cosas que sacamos de acá y allá, de experiencias, charlas, lecturas, etc. Creencias que usamos para guiarnos en, según el día, esta aventura o este laberinto. Aunque, como saben especialmente aquellos que hayan tenido hijos, una cosa son las creencias y otra el momento en que se desmoronan frente a -por ejemplo- un llanto que no sabés de dónde viene ni cómo calmar. Ahí el cerebro te explota y en el mejor de los casos lográs dejarte llevar por el instinto o lo que coño sea y apagás el incendio... hasta el siguiente. Por eso, quienes hayan tenido hijos también saben que salvo cosas evidentes es complicado opinar acerca de lo que hacen los padres en la crianza de los hijos, porque se supone -y normalmente es más o menos lo que ocurre- que siempre hacen lo que creen mejor para aquellos.

miércoles, 13 de enero de 2010

Oy, oy, oy! Soy muy, muy, muy nerd. Nerdo mal.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Los desconocidos de siempre: Ojoto, Champú, Perotti, Piropo y el jefe de la banda, el peligrosísimo Ricardo Aníbal Longo.





miércoles, 23 de diciembre de 2009

El otro día, a propósito de un evento sin mayor importancia que es mejor que no cuente, Ezpeleta me mandó un mensaje de texto. Tres palabras, pero fue como si hubiera recibido un latigazo estando desnudo en un freezer extra large en cuya puerta alguien escribió "MIEDO" con un fibrón indeleble violeta fluo. El mensaje se refería a ese evento en particular -no, créanme, realmente no quieren que les cuente- y por tanto no tenía mayor importancia. Pero el miedo era por algo más general, es decir por TODAS las cosas que a medida que pase el tiempo implicarán esas tres palabras.

El mensaje decía "nuestra bebé creció".

lunes, 14 de diciembre de 2009

Yo sé que para ella no es más que una sílaba de las últimas que aprendió. Que repetirlas consecutivamente es sólo un juego. Que por ahora está lejos de tener sentido alguno. Yo sé todo eso, no hace falta que nadie me lo recuerde. Pero igual me emociono de una manera desconocida e indescriptible cada vez que me mira y dice papá.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Sí, Limeta, te cambian la vida. Quieras o no. Y cuánto te la cambian depende -como otras cosas- de cuánto permitas que te la cambien. Yo no soy nadie para juzgar cuánto está bien, sólo puedo decir cuánto me lo intento permitir: todo. El tiempo dirá. De una u otra manera el tiempo va a pasar.

mi respuesta al comentario 11 del post anterior.

lunes, 23 de noviembre de 2009


Y bueno, nada, eso.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Hace unos días leía un relato de Ian McEwan que se llama Solid Geometry. A medida que avanzaba había algo que me resultaba cada vez más familiar. Hasta que llegué a cierto pasaje y lo recordé: The No-sided Professor de Martin Gardner, el descubrimiento de algo misterioso que se llamaba topología, mis preguntas en el recreo a una profesora de matemática que suponía que le estaba tomando el pelo, el edificio del Dorrego, la Mellow String Les Paul, las Toco y Canto... mi adolescencia temprana, en fin. Toda de golpe. Parece que cualquier cosa puede llegar a abrirte alguna puerta de la memoria.

martes, 10 de noviembre de 2009

Es inevitable pensar en Lost al leer El señor de las moscas*. Un grupo de personas que sobrevive a un accidente aéreo en una isla desierta y perdida, con remotas posibilidades de ser rescatado. No son ésas las únicas similitudes -hasta hay monstruos, imaginarios y reales- pero en realidad El señor de las moscas es lo que Lost debió haber sido y nunca fue: suciedad, caos y crueldad fuera de toda intención estética, incomprensibles pero terriblemente familiares. Nada de escotillas, humitos negros, Dharma Initiative o cualquier otro deus ex machina (o sí, pero en verdad no). Ningún Los Otros (o sí, pero en verdad no). Sólo la humanidad en su versión más pura y despiadada. El señor de las moscas parece una nota al pie de aquel párrafo del capítulo 13 del Leviatán. Homo homini lupus, aunque lo peor, lo más jodidamente perturbador del asunto, es que los hombres en cuestión sean en realidad niños.

* El señor de las moscas, W. Golding.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sí, lo admito: me gusta mirar Pocoyo por Youtube. Pero lo que más me gusta de mirar Pocoyo por Youtube es hacerlo con Catalina.

Pato la rompe.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Cinco meses.

jueves, 1 de octubre de 2009

Cuatro meses.

lunes, 14 de septiembre de 2009


i give her all my love
that's all i do
and if you saw my love
you'd love her too
and i love her

she gives me everything
and tenderly
the kiss my lover brings
she brings to me
and i love her

a love like ours
could never die
as long as i
have you near me

bright are the stars that shine
dark is the sky
i know this love of mine
will never die
and i love her

And I love her, The Beatles, A Hard Day's Night, 1964.

martes, 1 de septiembre de 2009

Tres meses.


Supongo que en algún momento voy a volver al bloguerismo habitual pero ocurre que por ahora todo pasa por ella.

lunes, 10 de agosto de 2009


Sí, estoy monotemático.

sábado, 1 de agosto de 2009

Dos meses.


¿Se entiende de qué hablo?